KraKauer tiene una nueva definición de inteligencia

El investigador norteamericano David C. Krakauer cree que la inteligencia es complicada y diversa, y hemos tendido a simplificarla demasiado. Y es algo que tiene serias consecuencias.

Fuente: El coDavid C. Krakauer, presidente del Sante Fe Institute, lleva décadas estudiando la forma en que los humanos (y otras especies) han evolucionado en el procesamiento de la información. El científico, matemático de formación, es un apasionado de la teoría de sistemas, y cree que estamos muy equivocados sobre lo que realmente significa ser inteligente. Y es algo que tiene serias consecuencias en nuestro devenir cotidiano, como individuos y como sociedad.

Como ha explicado el matemático en una entrevista en Nautilus, de un tiempo a esta parte –y como viene siendo habitual en las ciencias sociales– hemos tratado de reducir la inteligencia a un número: el coeficiente intelectual.

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 “Esto es como decir que puedes saberlo todo sobre el valor de una cosa conociendo su precio. Es como si te digo que he estado en una magnifica exhibición y he visto Las señoritas de Avignon de Picasso, me preguntas qué me ha parecido, y te contesto: ‘6,6 millones de dólares o, presumiblemente, bastante más’. Esto no te dice nada. La inteligencia es complicada y diversa, y hemos tendido a simplificarla demasiado”.

Pero si la inteligencia es compleja no lo es tanto su definición, que para Krakauer resulta clara: “La inteligencia es una serie de reglas y manipulaciones que te garantizan llegar a una solución en n pasos o menos”. O, dicho de una manera más simple: “la inteligencia consisten en encontrar soluciones simples a problemas complejos”.

La estupidez: el mayor problema de la humanidad

En opinión de Krakauer, para entender lo que es la inteligencia es necesario conocer el verdadero significado de otros conceptos clave como “ignorancia”, “estupidez” o “genialidad”.

La ignorancia no es más que la falta de datos. Puedes ser la persona más inteligente del mundo, pero si no tienes la información necesaria para resolver un problema, no vas a resolverlo. Quizás en tiempos de Cervantes había mucha más gente con el potencial intelectual para escribir Don Quijote, pero teniendo en cuenta que más del 90% de la población era analfabeta, sencillamente, no podían siquiera pensar que algo así pudiera hacerse.

La estupidez es algo muy distinto. Si la inteligencia es hacer fácil lo difícil, la estupidez es hacer difícil lo fácil. “La estupidez es usar una regla por la cual, al añadir más información, no aumentan las posibilidades de hallar la solución correcta; por el contrario, aumenta las posibilidades de equivocarse”. Si la inteligencia es hacer fácil lo difícil, la estupidez es hacer difícil lo fácil

Estar equivocado tiene en común con la ignorancia el hecho de que es más fácil acertar cuando tienes más información”, explica Krakauer. “La estupidez es un tipo de fenómeno muy interesante y tiene que ver con sistemas de normas que han hecho que nos cueste más conocer la verdad, y hablar sobre ella. Es un hecho interesante que cada vez haya más individuos estudiando la inteligencia pero si te preguntas cuál es el mayor problema al que se enfrenta el mundo hoy en día, diría que es la estupidez.

Krakauer pone un ejemplo histórico de estupidez. En 1912, el meteorólogo y geofísico alemán Alfred Wegener observó, como podría hacer cualquier persona, que la forma de los continentes terrestres encajan a la perfección como si fueran las piezas de un puzzle, y explicó que todos ellos provenían de un primer continente gigante, al que bautizó como Pangea, que se fue separando a lo largo de la historia del planeta Tierra.

pangea

Hoy en día sabemos que esto es cierto y, además, parece la mar de lógico, pero cuando Wegener propuso el asunto a la comunidad científica nadie se molestó siquiera en pensar que era una propuesta inteligente: no encajaba con las normas científicas que se daban por ciertas en la época. En opinión de sus colegas, no existía un mecanismo capaz de generar las fuerzas necesarias para desplazar las masas continentales.

En 1930, el geólogo británico Arthur Holmes definió la tectónica de placas: el proceso por el cual los continentes se desplazan a lo largo del tiempo. Este descubrimiento dotaba de un mecanismo válido a las ideas de Wegener. Pero aún así la comunidad científica siguió sin aceptar que los continentes actuales provienen de un solo megacontinente. “Esto ocurrió porque las normas que estaban aplicando, que provenían de un mundo anterior a Wegener, eran inaplicables a la nueva realidad empírica”, explica Krakauer. Y este es un ejemplo perfecto de estupidez: se prefería un sistema anterior, más complejo y menos inteligente, sólo por la cerrazón de quienes eran incapaces de ver más allá o de aceptar las limitaciones de lo que dan por válido. 

La tectónica de placas no fue aceptada hasta los años 50 y 60, cuando se convirtió en la gran teoría unificadora de las Ciencias de la Tierra, que permitía explicar la mayor parte de las observaciones geológicas de una manera coherente.

Es fácil ver la estupidez tal como la entiende Krakauer en muchas facetas de nuestra vida. Damos por hecho que un conjunto de normas son las únicas acertadas, sin darnos cuenta que lo hacen todo más complejo y, lo que es peor, nos llevan a equivocarnos una y otra vez.

Esto es algo muy claro en las ciencias sociales, que conforman sistemas muy complejos, imposibles de unificar en una sola teoría. También es habitual en uno de los campos más en boga en la actualidad: la neurociencia.

“Nunca hemos logrado crear una teoría satisfactoria para explicar la interacción de muchos sistemas de aprendizaje”, explica el científico. “Para dejarlo más claro, el cerebro puede ser un buen ejemplo. Hay muchas neuronas interactuando de forma adaptativa para crear una representación, por ejemplo, una escena visual; en economía, hay muchos agentes individuales decidiendo el precio de un bien, etcétera; un sistema político vota al siguiente presidente. Todos estos sistemas constan de entidades individuales que son heterogéneas y adquieren información de acuerdo a una única historia sobre el mundo en el que viven”.

Si la inteligencia es resolver problemas difíciles de forma sencilla, la genialidad es hacer que los problemas desaparezcan.

Todos los ejemplos citados por Krakauer son sistemas complejos, que aún no logramos entender. La inteligencia es uno de ellos y, evidentemente, no puede reducirse al número que obtiene una persona tras realizar un test psicotécnico. Ahora bien, hay quién, como el propio científico, trata de entenderlos.

“La ciencia de la complejidad es un intento de crear una teoría matemática para el día a día, para las experiencias, para lo que tocamos, vemos y olemos”, explica el científico. “Lo que busca la ciencia de la complejidad es la unificación, encontrar los principios comunes que comparten los sistemas, pero además pretende ofrecernos herramientas para entender los sistemas formados por muchos organismos que se adaptan. Y la inteligencia es para Krakauer el ejemplo prototípico de un sistema formado por muchos organismos que se adaptan”.

Hoy en día hay demasiadas personas aparentemente inteligentes elaborando teorías estúpidas, que lejos de simplificar la forma en que se puede explicar un sistema complejo, lo hacen aún más complicado. Sólo la inteligencia nos permite hacer sencillo lo complejo, pero la genialidad es lo verdaderamente revolucionario. “Si la inteligencia es resolver problemas difíciles de forma sencilla, la genialidad es hacer que los problemas desaparezcan”, explica Krakauer.

Lo que hacen los genios, según el científico, es cambiar las reglas del juego. Y las personas que han logrado esto, como Isaac Newton o Albert Einstein, aparecen con cuentagotas. “Una de las características más interesantes de la genialidad es que, al contrario que la inteligencia, parece una locura”, explica el matemático. “Una solución inteligente es casi siempre vista como una forma mejor de hacer las cosas. Pero cuando cambias las reglas haces que mucha gente se sienta incómoda, y eso parece una locura”.

Quizás aparezca algún genio que logre explicar cómo funcionan sistemas complejos como la economía o la política, pero mientras, parece más sensato ser conscientes de nuestra limitaciones que caer en la estupidez de pensar que una fórmula o un número pueden explicar la riqueza de una nación o la inteligencia de una persona. 

Fuentes: http://www.elconfidencial.com,http://www.Kristaueskola.eus, https://heavenawaits.wordpress.com/no-more-sea-pangea/

El profesor Swartz dice que los exámenes prueban la memoria y no la inteligencia

Robert Swartz considera en una entrevista con Efe que el sistema de evaluaciones escolares puede probar puntualmente la memoria del alumnado, pero no muestra su inteligencia y creatividad y tampoco contribuye a su desarrollo. Swartz opina que ese tipo de pruebas “suelen poner a prueba la memoria” de los alumnos, pero no sus capacidades, habilidades y conocimientos.

Advierte además de que a menudo el profesorado llega, incluso, a “preparar a los alumnos para las pruebas”, repitiendo una serie de conocimientos aprendidos, para lo que es necesario que tengan que “repasar”, y eso puede conllevar que olviden luego lo interiorizado para ese fin examinador y que, por ende, “el aprendizaje se vuelva un aburrimiento”.

Filósofo y director del Centro Nacional para la Enseñanza del Pensamiento (NCTT, siglas en inglés), una especie de ‘think-tank’ o laboratorio de ideas para fomentar un aprendizaje más participativo y creativo de los alumnos, Swartz apunta que en Estados Unidos “los exámenes se han convertido en un negocio” para algunas empresas que son vendedoras de ese tipo de productos.

Robert Swartz

Indica así, con añoranza, que la iniciativa primigenia del programa internacional de evaluación de estudiantes, conocido como “PISA”, estaba inicialmente diseñada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para contrastar los resultados en unos y otros países, y para mostrar “algo más que memoria”.

Confiesa ser consciente de que eso ha suscitado muchas críticas en diversos países de los que ven que esos exámenes obvian, precisamente, muchas potencialidades de los alumnos. Sin embargo, estima que PISA es una herramienta indicativa para ver la evolución y los progresos, aunque considera conveniente un debate profundo sobre ese tipo de pruebas para “poder mejorarlas”.

En cuanto al hecho de que los resultados en España figuren en algunos indicadores por debajo de la media de países de la OCDE, que incluye a los estados más desarrollados, señala que “hay que tomarse en serio la manera en que se educa” a las generaciones futuras.

Swartz explica que en los últimos años, en los que ha venido a España para impartir programas de formación dirigidos a profesores a cargo del NCTT, ha constatado que los educadores aseguran que el modelo actual “no está funcionando”.

“Algunos me dicen incluso que es un fracaso completo”, comenta el profesor estadounidense, que trata de persuadir de que el papel del docente sea más de “guía de aprendizaje” para “abrir la mente” a los alumnos e invitarlos a tener “capacidad crítica” y a descubrir por sí mismos

Afirma este especialista que las tecnologías han permitido abrir nuevas ventanas al conocimiento y constituyen una “verdadera revolución”, por lo que el papel del profesorado está cambiando y debe adecuarse también a proporcionar “referencias” para que los alumnos puedan distinguir por sí mismos, porque “deben ser conscientes de que en internet cualquiera puede poner lo que quiera”.

Se trata de facilitar que esas nuevas tecnologías, que entrañan también “riesgos”, puedan ser “herramientas útiles” que susciten el interés por el conocimiento. Swartz asegura que sus propuestas de aprendizaje llevan a los alumnos a estar “más felices, más comprometidos y más interesados en sus tareas” y, asimismo, a tener “mejores resultados en los exámenes”.

¿Cómo enseñar a los niños a pensar?

El filósofo Robert Swartz propone un cambio radical en la escuela actual. Se plantea cómo sería una sociedad llena de adultos que saben pensar. Afirma que  nacemos con la capacidad innata de pensar pero después no siempre se practica el pensamiento verdadero, es decir, aquél que te hace analizar las situaciones y establecer las consecuencias de los actos del día a día.Por eso, enseñar a pensar es básico desde la más tierna infancia, como defiende el filósofo Robert Swartz, una referencia mundial a la hora de proponer un cambio radical en los planteamientos de la educación desde los niveles de infantil.

Fuente: orientacreativa.blogspot.com.es/
Fuente: orientacreativa.blogspot.com.es/

Swartz es director de The National Center for Teaching Thinking, de Estados Unidos, graduado por la Universidad de Harvard y profesor emérito en la Universidad de Massachusetts en Boston. Autor de numerosas obras y artículos sobre el pensamiento crítico.

La propuesta de Swartz es sencilla: «Los alumnos de Infantil aprenden y piensan de manera diferente. Esto está relacionado con la estructura de la mente y de su cerebro». Sin embargo, con el paso de Infantil a Primaria las cosas cambian y de la actitud de un niño de tres años, que siempre quiere ser preguntado por la profesora, se pasa a la de la actitud: ¿por qué me pregunta a mí? O, lo que es peor, que al ser preguntado la única preocupación del alumno sea si eso va a entrar en el examen. Es decir, ha perdido el interés por aprender y sólo se fija en cumplir con la obligación de no suspender. Esto es, a todas luces, el primer paso para el fracaso escolar. Sin motivación para aprender es difícil obtener buenos resultados.

¿Qué sucede para que haya este cambio?

El filósofo lo tiene claro: «El sistema educativo no es el adecuado, mata las ganas, acaba con la estructura del pensamiento tan preclara de los niños con tres años». Robert Swartz comenzó a visitar colegios de Infantil para ver cómo actuaban los profesores y analizar así la situación llegando a diversas conclusiones.

Para empezar, hay que desterrar la idea que muchos profesores (y padres) tienen de que «no se puede hacer nada con los niños de Infantil porque no piensan, porque hasta más adelante es imposible. Y eso es absolutamente falso».

Hay que trabajar las destrezas del pensamiento. Tres son las piedras angulares de las nuevas aulas del pensamiento defendidas por Robert Swartz: pensamiento, comunicación y colaboración.

El filósofo puso un ejemplo muy gráfico. «Varias cajas de «cereales» se las enseñas a un niño y le preguntas cuál escogería para desayunar. Probablemente el niño elija aquella que más le guste por el dibujo.

Enseñar al niño a pensar supone hacerle ver que antes de tomar una decisión debe valorar unas cuantas cosas. En el caso de los cereales, por ejemplo, preguntarse qué es más saludable y mejor para el cuerpo. Puede que te guste más la caja que tiene un león en lugar de la caja que tiene dibujada una manzana. Pero, ¿qué es mejor para tu salud? ¿qué te va a hacer crecer más?, ¿un bonito dibujo en un papel o unos cereales que son realmente buenos para ti? Ofrecerle al niño esa capacidad de decisión y no porque persigamos que ellos decidan cosas como su menú, sino, para darles las herramientas para que aprendan a tomar decisiones basadas en preguntas previas. Enseñar a los niños a tomar decisiones con destreza».

¿Qué hace necesaria la decisión? Es decir, por qué necesito comprar cereales. ¿Cuáles son mis opciones? Es decir, ¿cuántas cajas de cereales puedo escoger de las que hay en el supermercado? Y ahora una gran pregunta: ¿Cuáles son las consecuencias probables de cada opción? ¿Qué importancia tienen las consecuencias para mi vida? ¿Qué opción es la mejor una vez analizadas todas las consecuencias?

Esta es la fórmula para hacerlo. Así es como se construye que un adulto aprenda a pensar por sí mismo. Mucha gente puede pensar que esto no es sencillo, que un niño de dos o tres años no es capaz de entender pero, sí entienden, sólo es necesario utilizar un lenguaje diferente, sencillo y adaptado a su edad.

Robert Swartz es consciente de que no se puede cambiar la mentalidad de millones de seres humanos en el mundo que ya son adultos, pero sí se puede hacer un gran impacto en las generaciones venideras si cada vez más escuelas llevan a la práctica enseñar a los niños a pensar en lugar de obligarles a memorizar.

Fuente: ABC, 08.11.14.Gema Lendoiro,Madrid 

Richard Gerver, un líder educativo, explica cómo deben ser las escuelas del futuro.

El británico Richard Gerver es profesor y está considerado uno de los líderes educativos más innovadores, su mayor logro fue convertir la Grange Primary School, uno de los peores centros de Gran Bretaña, en uno de los colegios más innovadores del mundo.

Fue asesor de política educativa del Gobierno británico de Tony Blair y Premio Nacional de Enseñanza en el Reino Unido. Es autor del libro «Crear hoy la escuela del mañana».

Fotografía de José Ramón Ladra
Fotografía de José Ramón Ladra

Al ser preguntado por los requisitos de una buena escuela respondió que si las escuelas tienen pasión y confianza por lo que hacen, pueden desarrollar el sistema que más se ajuste a sus necesidades. No hay un único método. Lo que ya no funciona es el sistema educativo que entrena para aprobar exámenes.

Las capacidades que tendrán que desarrollar los niños para el futuro son: resolver problemas, pensar por sí mismos, colaborar, trabajar en equipo, adaptarse a los cambios de forma permanente. No se trata solo de adquirir conocimientos. Y, sobre todo, no se trata de sentarse a escuchar, sino de seguir aprendiendo conceptos por su cuenta. Las capacidades más importantes que un joven puede tener son las habilidades personales.

El papel del profesor: Los maestros son, en opinión de Gerver, una de las figuras más importantes de la sociedad. Si no hay educación, no hay futuro. Pero si los profesores quieren respeto, y obtener reconocimiento (social y salarial), tendrán que actuar como los profesionales que son. Tendrán que demostrar su coraje. No va a ningún lado si solo quejándose, hay que actuar.

Algunos profesores deseosos de realizar un cambio, en España,  aseguran estar más preocupados por  los inspectores del Ministerio de Educación que por el director o el alumno conflictivo. Según Gerver, en Inglaterra también existe la figura del inspector, pero un profesor que crea que trabaja para el inspector, y no para enseñar al alumno, no es un buen docente. Los exámenes son una manera muy vaga de medir el conocimiento. Se puede conocer cuánto saben mediante una conversación con ellos, viendo la forma en la que trabajan, observando cómo producen…

Cuando se pregunta para qué existen los deberes, nadie responde con certeza. Así que opina que si los niños quieren investigar, o jugar… que lo hagan. Son niños, aprenderán de cualquier manera, pero no sentados en una mesa en su cuarto.

El informe PISA ha hecho más daño a la educación que ninguna otra cosa. Sus resultados, además, están falseados. En algunos países, como China, ahora a la cabeza del ranking mundial, los niños con necesidades especiales no acudieron al colegio el día que se realizaron estos exámenes. En Shanghái, las autoridades tienen derecho de veto sobre determinadas preguntas. Y Finlandia, en cambio, ahora está en la posición duodécima, porque preparan al niño de una forma integral, no para aprobar exámenes.

Su percepción del sistema educativo español es que está caduco, anclado en la era industrial. Ineficaz para el mundo actual, donde se necesitan empleados creativos y capaces de pensar por ellos mismos. El sistema español, donde solo se enseña y se controla, no tiene sentido.

Para empezar a cambiar deberían empezar por tener una visión clara del tipo de profesionales jóvenes que les gustaría tener en el futuro. La realidad es que los políticos anteponen sus intereses a la educación. Piensan que hay que crear el modelo educativo, que luego vendrán los profesionales, cuando el planteamiento es al revés.  Hay que poner la educación por encima de la política, aunque cambien los políticos cada cuatro años. Finlandia ha tenido éxito en su modelo educativo gracias a que consiguió separar educación y política. Y funcionó

Fuente: El sistema educativo español está anclado en la era industrial,  C. Fominaya/ M. J. Pérez-Barco. ABC, 13.03.2014. Madrid http://www.abc.es/familia-educacion/20140313/abci-richard-gerver-educacion-201403112038.html

Estaurolita, piedra cruz o piedra de las hadas

La estaurolita es un mineral del grupo VIII (silicatos), según la clasificación de Strunz, de color negro parduzco a rojo oscuro tirando a blanco, opaco, con raya de color blanco a grisáceo. Cristaliza en forma de cristales monoclínicos. Su dureza en la escala de Mohs oscila entre 7 y 7.5 y su fórmula química completa es (Fe2+,Mg,Zn)2Al9(Si,Al)4O22OH2.

estaurolitaLas concentraciones de hierro, magnesio y zinc no se encuentran siempre en la misma medida.

Su nombre deriva del griego “stauros”, que significa cruz unido con el sufijo “litos” que significa piedra. Este nombre hace referencia a la simetría de la estaurolita, que es su rasgo más característico.

Es un mineral metamórfico que se forma por metamorfismo regional, por la fusión de granates, micas y cianita, además de otros minerales metamórficos.

Una propiedad de la estaurolita es que puede encontrarse cristalizada de manera simétrica, presentando macla penetrativa formando ángulos de 60° y 90°. Los cristales macroscópicos tienen forma prismática. A veces son más grandes que los minerales que se encuentran a su alrededor. Los prismas gemelos interpenetrantes se forman de manera natural. De hecho, crean formas cruzadas, de ahí que la esturolita se conozca como “piedra cruz” o “piedra de hadas”. Con frecuencia, se encuentra embebida en la matriz (por regla general, una roca blanda de color amarillo crema). Desde siempre se ha utilizado para atraer la buena suerte y como piedra protectora. Por ejemplo, en Suiza las cruces de estaurolita se utilizaban como amuletos en los bautizos; y en Bretaña, se llevaban como amuletos de la suerte que, según se creía, habían caído del cielo.

La actitud como herramienta para alcanzar éxito laboral

Me vais a permitir un plagio, ya que, esta entrada es prácticamente el artículo de Miguel Ayuso publicado en EL Confidencial, el 27 de mayo del 2014. Si hoy la incluyo aquí, se debe a que empeñada en encontrar “un trabajo satisfactorio y bien remunerado”, ya he leído numerosos blogs sobre recursos humanos también innumerables debates de linkedin y hasta ahora, esta información es la que más me ha sorprendido.

“Cuando Bono, el cantante de U2”, se presenta en alguna organización con su misión de erradicar la deuda del tercer mundo, su primera pregunta es: ‘¿Quién es el Elvis aquí?’.

En opinión de Chris Baréz-Brown, consultor empresarial, CEO de Upping Your Elvis y autor del libro Brilla, sobrevive y destaca en el trabajo (Conecta), la pregunta que hace siempre Bono es clave para entender qué es lo que hace que la gente destaque en el trabajo y acabe siendo exitosa. “El Elvis que busca Bono”, explica Baréz-Brown, “es aquella persona que destaca, que infringe las normas, que logra que ocurran cosas, que brilla con fuerza y que está encantada con ello”.

Cuando se habla de las cualidades más importantes para desempeñar un trabajo suele citarse la formación, la experiencia, el compromiso… olvidando la verdadera razón por la que un directivo de recursos humanos contrata a una persona y no a otra: la actitud.

Si logras que tus colegas y clientes piensen que eres una persona brillante y simpática, poco importará que no seas la más sabia ni la más esforzada. Los empresarios reciben al día decenas de currículos y, evidentemente, la formación y la experiencia constituyen una criba. Pero en las entrevistas cara a cara, y en el momento de contratar a alguien, hay algo mucho más importante: que hayas caído bien a la persona que va a ser tu jefe. Y no es algo exclusivo de la entrada en una empresa. La actitud hacia tus compañeros y el modo en que te relaciones con ellos determinará tu carrera profesional.

La guerra del talento es un mito

Por mucho que se hable de la importancia de la meritocracia, de promocionar a las personas más validas, en pocas empresas e instituciones ocurre tal cosa.  Seth Godin, uno de los teóricos del marketing más importantes de nuestro tiempo, tiene claro que las empresas no buscan a gente con talento, buscan a gente con actitud y, más concretamente, a gente que les caiga bien.

Nadie, nunca jamás, contrata a alguien que le cae mal, por muy bueno que sea. “Hay muy pocos trabajos en los que sólo se pidan unas habilidades concretas”, explica Godin.“- Lo que realmente separa a los ganadores de los perdedores no es el talento, es la actitud. 

Deberíamos estar librando una guerra por la actitud. Una organización llena de gente honesta, motivada, conectada, con ganas de aprender y experimentar, con valores e impulsiva, siempre derrotará a aquellas que sólo tengan gente con talento.”.

Por mucho que se insista en la necesidad de tener conocimientos, incluso las instituciones que viven de esto reconocen que poco importa lo bueno que uno sea a la hora de encontrar un buen trabajo.  Al menos según Deepak Maholtra, profesor de negocios, organizaciones y mercados en la Harvard Business School, que siempre explica a sus alumnos que lo primero que una empresa tiene en cuenta para contratar a alguien, o negociar su salario, es que le caigas bien. Esto no significa que la actitud sea todo, pero importa muchísimo más de lo que pensamos. De hecho, poco importa tu experiencia y formación si al empresario que podría contratarte le caes mal. Nadie, nunca jamás, contrata a alguien que le cae mal, por muy bueno que sea. Y es algo que ocurre durante toda nuestra vida laboral: la gente que tiene éxito es aquella que tiene muchos amigos, dentro y fuera de su empresa.

Ser popular es también ser rentable

Si lo único que importa para triunfar en el trabajo es caerle bien a la gente, podríamos pensar que las cúpulas directivas están llenas de gente simpática, pero no brillante o competente.  Lo cierto es que, al menos, en el mundo de los negocios, nos guste o no, la gente simpática es también la más rentable.

En el fondo, una empresa es una organización: personas que trabajan juntas con el fin de alcanzar un objetivo común. Según explica el profesor de la Universidad de Harvard, Shawn Achor, en su libro La felicidad como ventaja (Integral): las personas que tienen más amigos en la oficina, son también las más productivas. “Un grupo de investigadores estuvo un año observando a 2.600 empleados de IBM, examinando sus conexiones sociales y utilizando fórmulas matemáticas para analizar el tamaño y el alcance de sus listas de contactos. Descubrieron que los empleados más conectados socialmente eran también los más productivos. Lograron incluso cuantificar la diferencia: de media, cada persona distinta con la que habían contactado por correo valía un ingreso añadido de 948 dólares”.

¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? Hay quien puede pensar que son siempre las personas con capacidad de camelar a los demás, los que acaban escalando a lo más alto. Algo hay de cierto en esto, pero pensar que las personas con más amigos son siempre manipuladoras es una reducción al absurdo.

Los trepas tarde o temprano acaban cayendo, pues faltan a una de las cualidades importantes en los negocios y en la vida: la confianza. Son las personas agradecidas, tal como insiste una y otra vez el profesor de la Wharton Business School, Adam Grant, las que llegan a lo más alto: pues saben tener muchos amigos pero, además, les tratan bien.

¿Qué os ha parecido? Me encantaría que os animarais a dejar algún comentario, a ser posible con algun consejito para que esta blogger se convierta en la nueva líder de la divulgación científica. Y no me digáis, por favor, que deje de personalizar los textos de otros, que me gustan, porque no soy de dejaros el enlace y ya.

Amaranthus caudatus, amaranto o Kiwicha

Amaranto, en griego significa “lo que nunca muere” o “valiente luchadora”. En Estados Unidos los agricultores han tenido que abandonar cinco mil hectáreas de soja transgénica y otras cincuenta mil están amenazadas porque esta supuesta ‘mala hierba’, el Amaranto (conocida en el Perú como Kiwicha), es resistente al herbicida Roundup.

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Según un grupo de científicos británicos del Centro para la Ecología y la Hidrología (http://www.ceh.ac.uk) se ha producido una transferencia de genes entre la planta modificada genéticamente y algunas hierbas como el amaranto. Según el genetista británico Brian Johnson, basta con un solo cruce logrado entre varios millones de posibilidades. Una vez creada, la nueva planta posee una enorme ventaja selectiva y se multiplica rápidamente.
El herbicida, Roundup, a base de glifosfato de amonio, ha ejercido una presión enorme sobre las plantas, las cuales han aumentado aún más su velocidad de adaptación. Así, al parecer un gen de resistencia a los herbicidas ha dado lugar a una planta híbrida surgida de un cruce entre el grano transgénico y el humilde Amaranto, que se vuelve imposible de eliminar. La única solución es arrancar a mano las malas hierbas, como se hacía antes. Desde 2004, un agricultor en Atlanta señalaba que los brotes de amaranto resistían al herbicida de los campos de soja “Roundup”.
La Kiwicha o Amaranto, el alimento del Imperio Inca, sorprende al mundo por su gran cantidad de propiedades benéficas. Se le puede considerar como la “Reina del calcio”, pues 100 gramos de Kiwicha contienen el doble de calcio que el mismo volumen de leche. Las semillas contienen entre un 13% y un 18% de proteínas y un alto nivel de lisina (aminoácido esencial para la nutrición). Además de calcio, fósforo, hierro, potasio, zinc, vitamina E y complejo de vitamina B. Su fibra es fina y suave. La kiwicha se adapta fácilmente a distintos ambientes,  crece rápidamente y no requiere de mucho mantenimiento ni fungicidas o fertilizantes.

Los aztecas de México cultivaban esta planta y la usaban en ceremonias religiosas. En la época del emperador Moctezuma, era junto con el huauzontle, el cuarto cultivo en importancia, después del maíz, el frijol y la chía. Cuando los conquistadores españoles del siglo XVI consiguieron dominar el Imperio azteca, prohibieron estos rituales y el cultivo del amaranto. En la actualidad la planta continúa cultivándose después de un largo periodo de abandono y es muy apreciada por sus propiedades nutricionales, además posee la particularidad de no contener gluten.

Amaranthus caudatus es cultivado tanto en América como en Africa y Asia. En Sudamérica se cultiva en pequeñas parcelas desde el sur de Colombia hasta el norte de la Argentina. El área dedicada a este grano es casi marginal en la sierra de Colombia y Ecuador y los campos más frecuentes se encuentran en los valles interandinos de Perú, Bolivia y el norte de la Argentina

Enlaces relacionados:
http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Biodiversidad/Amaranto_Quinoa_y_Canihua_las_semillas_que_pueden_salvar_al_mundo
http://www.rlc.fao.org/es/agricultura/produ/cdrom/contenido/libro10/cap03_1_2.htm
http://www.peruecologico.com.pe/flo_kiwichaamaranthuscaudatus_1.htm

Ante el interés de esta noticia y las veces que la he visto publicada en distintos blogs he querido comprobar las fuentes antes de reproducirla en mi propio blog. Sorprendentemente encuentro la web del Centro de Ecología e Hidrología: http://www.ceh.ac.uk/ No encuentro una publicación donde el genetista Brian Johnson mencione: basta con un solo cruce logrado entre varios millones de posibilidades- en referencia al cruce entre una planta transgénica y una silvestre, es decir, una planta sin modificación genética alguna. Sí, he encontrado al Profesor Andrew Johnson: www.ceh.ac.uk/staffwebpages/drandrewjohnson.html No sé si hay un error en el nombre recogido en el texto de ecoportal o simplemente no he sabido encontrar la publicación científica del Sr Brian Johnson. A pesar de buscar en pubmed. Si alguno conocéis o tenéis referencias de bibliografía científica sobre este asunto del amaranto os agradecería que me la enviarais. Basta con añadir comentario. De antemano, gracias.