A mis veintisiete seguidores

Hola a todos y cada uno de vosotros:
Os agradezco mucho que estéis mostrando interés por lo que aquí se escribe. En esta época que me ha tocado vivir, vosotros me proporcionáis una medida del valor de mi trabajo y de los conocimientos adquiridos a lo largo de casi veinte años desde que terminé mi licenciatura en Ciencias Biológicas.
No pensé encontrarme de nuevo en la misma disyuntiva, que me tuvo pegada a los libros durante más de 2 años, preparándome sola un temario inabarcable para optar a la especialidad de “biólogo interno residente en los hospitales públicos de España”. En aquella ocasión, no logré una de las 28 plazas o así que se ofrecían cada año para todo el país.

Ahora, tal vez, sólo esté retomando una documentación que merece ser releída y un sueño que parece más cercano que leer una tesis doctoral cuando te has quedado sin tu puesto de trabajo y sin tus compañeros en aquel hospital de tu ciudad donde eras feliz. Me gusta sentirme parte de un equipo de trabajo y me gusta aprender, día a día, de mis compañeros y tener personas a mi alrededor que pueden resolver mis dudas mientras tomamos un café o nos encontramos en un ascensor. No te digo yo, lo cómodo que es levantar un teléfono y ponerte en contacto con la monitora de un ensayo clínico para que te aclare tal punto del protocolo o te recuerde a que temperatura has de guardar la muestra de sangre o cualquier aspecto del embalaje. ¡Benditas monitoras! y en cambio, cuando yo opto a esos puestos escucho como respuesta a la entrevista que mi perfil es más investigador…Otra historia.
Decidí retirarme a mi convento particular, junto a la playa de Las Piletas, en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz sin comunicárselo a ninguna de mis amistades. No me apetecía dar explicaciones y menos que me preguntarán ¿no te ibas a Alemania?.

Pues no, no me voy, y ya ha pasado más de un año. He estado demasiado ocupada con una tesis en soledad que no me ha dejado apenas tiempo para aprender alemán y no me da la gana poner un pie fuera de mi país si no es con un contrato de trabajo y…

Sinceramente supongo que antes de hundirme en mis propios miedos intenté terminar con dignidad mi etapa de investigadora clínica. Me propuse lograr un propósito que comenzó hace muchos, muchos años. Allá por 1994 -ser doctora en Biología. Para después marcharme a donde me llevará el viento. Una vez más no será posible, la tesis iniciada en abril de 2013 se quedará en un cajón cómo un proyecto inacabado. Porque a veces, has de aceptar las opiniones de otros si esos otros han de prestarte su apoyo y tiempo para culminar tu proyecto. Yo puedo dedicarle todas las horas que quiera pero no puedo obligar a nadie a dedicarme su tiempo para que la calidad científica del trabajo alcancé las exigencias de una tesis doctoral. Ni director ni codirectora tenían mi tesis entre sus prioridades. Hube de aceptarlo y resignarme. Eso sí, la próxima vez el tema será de mi elección y no aceptaré propuestas de otro por mucha experiencia científica que tenga ese director. Ante el riesgo de pasar horas, días, semanas y meses rebuscando bibliografía mejor disfrutar con cada hallazgo satisfaciendo tu propia curiosidad.

Casi sin darme cuenta puedo deciros que está naciendo una redactora donde antes había una enamorada de la investigación y que de momento, me siguen manteniendo en mi casa-” porque por mi misma no soy capaz de ganarme el sustento”- o mejor dicho estoy mucho más preparada que muchos de los entrevistadores laborales con los que me encuentro por ahí. Empiezo a verlos con la ternura de una madre, mis queridos pequeñuelos tenéis un arduo trabajo en este país nuestro, terminar con las ilusiones de muchos al repartir una sóla oportunidad entre más de 1.000 candidatos como he visto en alguna selección de personal.

Sirva esta entrada, en este blog, que empieza a ser mi confesionario, para pediros disculpas a quienes me leéis por dejar de escribir con la frecuencia que me gustaría y qué vosotros os merecéis.

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